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Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar
Del 26 de junio al 25 de octubre 2026
Desde este 25 de junio, el Museo Central presenta la exposición temporal “Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar” de la artista Maria Laso, ganadora del primer premio del XV Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú.
En esta exposición, Maria Laso propone una lectura del cuerpo como materia atravesada por el tiempo: cansancio, movimiento, migración; heridas que se vuelven paisaje; la muerte como regeneración; y una noción de lo sagrado que se inscribe en la experiencia cotidiana. Las “ruinas” del título no nombran un final, sino aquello que queda cuando el cuerpo ha acumulado demasiado y, aun así, continúa existiendo. Cantar, en ese sentido, es persistencia, como si la voz naciera en la fisura, en la zona donde la carne y el lenguaje se rozan.
A lo largo del recorrido, la exposición explora distintas formas de habitar el cuerpo, poniendo en tensión la idea de ruina viva. La tumba, la reliquia y la piedra aparecen como dispositivos para pensar la pérdida y la permanencia. No se trata de monumentalizar la muerte, más bien de preguntarse cómo sostener aquello que desaparece y cómo acompañar la fragilidad de la existencia. Luego emerge el cuerpo como resistencia: un campo de ensamblaje donde las partes se unen se reorganiza, se desordenan. El cuerpo aparece como una constelación de fragmentos que lo componen y lo sostienen, pero también lo desbordan. En estas obras, el sillar, material recurrente en la producción de la artista, adquiere un papel central. Piedra porosa y vulnerable, doméstica y arcaica a la vez, funciona como soporte de memorias e inscripciones, huellas y persistencias. Sobre su superficie quedan registradas imágenes de cuerpos que resisten a ser olvidados y aquello que el tiempo intenta erosionar.
Algunas piezas proponen una reflexión sobre la dimensión colectiva del cuerpo. Este deja de entenderse como un individuo aislado para formar parte de una colectividad que sostiene y resiste, pero que también hiere y disciplina. La religiosidad popular aparece como parte de este entramado, articulando cuidado y control, pertenencia y exclusión. Las imágenes religiosas que atraviesan la exposición (el cuerpo ícono) también son desplazadas de sus lugares habituales. Santos, mártires y figuras cristológicas son abordados desde una dimensión afectiva y cotidiana que la aleja de una lectura doctrinal. Lo sagrado deja de operar como una instancia distante para acercarse a experiencias de miedo, deseo, pérdida y transformación. En ese desplazamiento, las figuras religiosas recuperan vínculos con la naturaleza, la animalidad y las formas primarias de relacionarse con el mundo. Finalmente, emerge el cuerpo desplazado, atravesado por las marcas de la migración y el desarraigo: cuerpos que cruzan fronteras, pero también levantan otras invisibles. El retorno no garantiza reconciliación; a menudo produce extrañeza; se vuelve a un lugar conocido, nunca se vuelve siendo lo mismo.
La muestra reúne obras realizadas desde 2018 hasta la actualidad. Muchas de ellas han sido exhibidas previamente, pero aquí reaparecen transformadas, reensambladas, fragmentadas y puestas en diálogo con nuevas piezas. Aunque conservan rastros de sus significados anteriores, producen nuevas asociaciones y construyen una narrativa que sitúa al cuerpo en el centro, explorando las formas en que este es modelado por estructuras sociales, afectivas y simbólicas. Las obras de Maria Laso, sin embargo, rehúyen las respuestas definitivas. En lugar de afirmar, mutan; en lugar de cerrar sentidos, los abren. Así, la exposición desplaza la idea de ruina desde la pérdida hacia la persistencia. Lo que se rompe no desaparece necesariamente. Permanece como resto, como huella, como resonancia. Y desde allí todavía puede cantar.
Karen Bernedo y Gabriela Germaná
Curadoras
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